Son muchas las situaciones desconocidas a las que se enfrentan hoy las empresas que adoptan la innovación como parte de su estrategia. Superarlas de la mejor forma posible es el reto de cualquiera de ellas.

La dificultad más grave a la que muchas tienen que hacer frente, es que no saben cómo afrontarlas por nuevas, porque no las esperan o no han sabido predecirlas. Y una de las capacidades que ayuda a las empresas innovadoras a superar estas dificultades es la resiliencia. Por tanto, y ya que las empresas están dirigidas por personas, las empresas son resilientes si su equipo humano lo es. El término resiliencia que parece estar en boca de muchos últimamente no se ha inventado en esta época, sino que se lleva estudiando desde hace años. La primera de las acepciones de la RAE dice que resiliencia es la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”.

En 1998, se publicó el Manual de identificación y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes y en el capítulo 1 se explica “desde el decenio de los años ochenta ha existido un interés creciente por tener información acerca de aquellas personas que desarrollan competencias a pesar de haber sido criados en condiciones adversas, o en circunstancias que aumentan las posibilidades de presentar patologías mentales o sociales. Se concluyó que el adjetivo resiliente, tomado del inglés resilient, expresaba las características mencionadas anteriormente y que el sustantivo “resiliencia” expresaba esa condición. En español y en francés (résilience) se emplea en metalurgia e ingeniería civil para describir la capacidad de algunos materiales de recobrar su forma original después de ser sometidos a una presión deformadora. Así, el término fue adoptado por las ciencias sociales para caracterizar a aquellos sujetos que, a pesar de nacer y vivir en condiciones de alto riesgo, se desarrollan psicológicamente sanos y socialmente exitosos”.

El autor Luis Rojas-Marcos en su libro “Superar la adversidad: el poder de la resiliencia” propone visualizar un airbag de un coche para ver cómo las respuestas que adopta el ser humano y que él define como amortiguadoras “se activan en la persona como consecuencia de una situación estresante concreta o suceso potencialmente traumático”. Y ya que no todo el mundo está preparado para saber que en cualquier momento ese airbag puede saltar, para este autor los pilares de la resiliencia son la autoestima, el autocontrol, el optimismo y el pensamiento positivo.

Una de las psicólogas y psicoterapeutas en España que aplica una metodología innovadora es Rosario Linares.  En su libro “Resiliencia o la adversidad como oportunidad” intenta enseñar a las personas a ser más resilientes, cómo convertirse en lo que ella califica como “tutores de resiliencia y ayudar a otros a serlo”. Para lograrlo, se basa en estudios e investigaciones que unen trauma y resiliencia.

George A Bonanno, en su artículo “Loss, Trauma, and Human Resilience”, que se puede traducir como “Pérdida, Trauma y Resiliencia Humana” muestra datos masivos para revelaciones sorprendentes sobre cómo los seres humanos enfrentan la pérdida, el trauma y otras formas de adversidad extrema. Para él, “no hay una cosa que predice resiliencia. No son dos cosas. No necesariamente está en nosotros”.

Rubén Turienzo publicó hace unos años “Gana la resiliencia” donde el protagonista, Markus Mark lidera un equipo que al principio está desmotivado, pero termina siendo resiliente gracias al optimismo, la motivación, el liderazgo, la superación personal, la comunicación, el trabajo en equipo o la confianza, términos ligados a la resiliencia.

Por su parte, Mónica Kruhl, que lleva formando e instruyendo equipos profesionales desde hace años, en su libro “El arte de rehacerse: la resiliencia” expone cómo las personas disponen de energía emocional, una fuerza fundamental en la vida que es la resiliencia que les permite superar crisis y desarrollar capacidades prácticas que también sirven en nuestros retos diarios como pueden ser los que encuentran en el trabajo. Para lograrlo, no hay que acabar con lo de antes ni reprimir nada sino se requiere activar lo que está ahí, en la naturaleza humana, independientemente de si esa fuerza procede de la persona misma, de los demás o del entorno propio.

Por tanto, las empresas resilientes serán las que sean capaces de ver los problemas y las dificultades como oportunidades para salir fortalecidas y hacer un mejor trabajo. A veces, hay que confiar en el poder de la innovación tanto interna como externamente en la empresa. El economista y profesor del MIT Eric von Hippel cree que es fundamental empezar por “democratizar la innovación” es decir, dar voz a las empresas y sus trabajadores, pero también a sus clientes y sus usuarios porque a veces son ellos los que podrán ayudar a las empresas a avanzar con sus ideas y aportaciones. Es necesario ser resiliente si se quiere innovar. Es fácil de decir, por supuesto, y mucho más complicado de hacer, pero todo el mundo tiene la obligación de intentar aplicar esta capacidad cada día, en la vida personal, y por supuesto, en el trabajo.

Así que Keep calm and be resilient.

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