Vivimos en una cultura poco tolerante con el error y el fracaso. La acepción misma de “fracaso” es muy negativa, por ser antónimo del éxito. De sobra es conocido cómo suelen valorarse en España los fracasos y errores, por ejemplo, en los procesos de selección. De ahí, que todos los candidatos oculten sus episodios concluidos en fracasos, y magnifiquen los que alcanzaron el éxito pretendido, o incluso mejor aún, los que alcanzaron un resultado mayor que el imaginado.

En otras culturas, como la norteamericana, los errores “puntúan en positivo”: es difícil imaginar el espíritu emprendedor en quien no se atreve a probar. No gana quien no arriesga. La obviedad de estas afirmaciones es grande, pero seguimos negando su aplicación al entorno cercano (y sobretodo al propio, a esos episodios que hablan en primera persona del singular).

Sentimos incertidumbre y nos sabemos vulnerables cuando nos faltan respuestas suficientemente sólidas a la triple pregunta “¿será capaz?, ¿qué ocurrirá? y ¿qué dirán?”. Pero es entonces cuando se dan nuestras mayores oportunidades de crecimiento, porque actuamos fuera de nuestra zona de control. Así es como aprendemos y crecemos. Todo eso sería inimaginable sin ese “pequeño explorador interno” que quiere descubrir.

En la gestión de proyectos, por ejemplo, solo cuando iniciamos la acción somos capaces de perfilar y definir con precisión los requerimientos de cada tarea. Hasta que no actuamos, no conocemos. Por eso, las más modernas teorías de gestión, como las metodologías “ágiles”, recomiendan no posponer la acción, e incurrir en errores como parte necesaria del aprendizaje y del camino hacia el éxito.

Del error aprendemos. El auténtico fracaso no es equivocarse, sino no hacerlo. Fracasar no es hacer cosas equivocadas, fracasar es no hacer para no equivocarse. No hacer influye más y peor que hacer.

Siempre me entusiasmó esa declaración de principios que nos cuestiona: “- y tú, ¿qué tomas para ser feliz?; – ¡Decisiones!”. Decidir es hacer, aprender y vivir. Porque hasta cuando nos equivocamos, acertamos.

Por: ethica consultores.

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