La expresión latina errare humanum est, sed perseverare diabolicum, que ha sido traducida literalmente como “errar es humano, pero perseverar (en el error) es diabólico”, es un claro ejemplo de que las personas cometen errores y que éstas deben aprender de ellos para no volver a cometerlos.

En el ámbito empresarial, solo los directivos y los jefes de equipo que entienden el fallo como una verdadera oportunidad de mejora y de innovación, conseguirán que sus empresas sobrevivan y salgan lo mejor paradas posibles ante cambios y momentos difíciles vividos en el seno de sus organizaciones. Para ello, los trabajadores deben ser el centro de toda empresa porque son ellos los que van a generar el cambio.

¿Qué ocurre cuando se gestiona de forma ineficaz el fallo en las empresas? La mala praxis de muchas empresas se refleja en que los conflictos no se resuelven de la mejor forma lo que propicia un ambiente laboral hostil, la desmotivación de los trabajadores, la marcha de los empleados, la falta de comunicación entre equipos, etc. Eso, a largo plazo, perjudica en el rendimiento y evita que la empresa evolucione y que innove.

Algunos de los elementos que se utilizan para conseguir que la Cultura del fallo sea una de las cuestiones más valoradas en una organización son fomentar la participación y el trabajo de equipo, tomar una actitud proactiva para que los trabajadores puedan expresar sus ideas, es importante que los empleados tengan interiorizados los errores pasados para no repetirlos o dotar a los departamentos de recursos necesarios que les hagan avanzar en sus tareas.

En la actualidad, es frecuente que una de las cuestiones más valoradas a la hora de seleccionar un candidato por el Departamento de Recursos Humanos es si esa persona ha experimentado un error anterior en una empresa y comprobar cómo lo ha resuelto. Hay compañías como Google que lo tiene claro: tardan meses en contratar una persona, ya que además de la experiencia tienen en cuenta otros aspectos como la capacidad de adaptación de la persona a nuevos entornos y herramientas, la empatía, capacidad de liderazgo, que encaje con los valores culturales de la empresa y, sobre todo, que tenga capacidad para dar un aire fresco a la empresa porque se ha equivocado anteriormente.

Cada vez hay más compañías apuestan por la innovación de manera transversal, ya que solo con ideas disruptivas y diferenciadoras se puede evolucionar, y en muchos casos saber hacia dónde debe dirigirse una empresa. Está claro que el fallo podrá estar presente, pero en el momento en el que tanto empresas como trabajadores se percaten de lo positivo que reside en el error, la Cultura del fallo se habrá instaurado en la organización, y todos saldrán ganando. Por un lado, los trabajadores se sentirán más motivados y se implicarán más en sus trabajos y en las decisiones de las empresas, y, por otro lado, las empresas evitarán que se repitan los errores pasados y conseguirán alcanzar sus objetivos empresariales. Ya lo dice el refrán: “errar es de humanos, rectificar es de sabios”.

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