Los seres vivos vivimos una relación bidireccional con nuestro entorno, una relación de doble influencia en donde ejercemos una influencia en el espacio en el que desarrollamos nuestras actividades vitales y por ende el espacio también nos modifca como personas. El lugar y las personas que nos encontramos en cada momento son una palanca en la que nos podemos apoyar para conseguir más resultados con menos esfuerzo en todos los ámbitos de la vida.

Los contextos en los que nos movemos pueden ser unos grandes aliados o unos grandes enemigos, provocando un fuerte efecto en nuestro bienestar. Saber modificar un contexto nocivo es una buena opción para vivir mejor. Estos contextos, se pueden agrupar en tres categorías:

Materiales. Los lugares donde se vive y se trabaja, el barrio y el vecindario, la tecnología, el coche, posesiones o colecciones.

Personales. La familia, los amigos, los compañeros de trabajo, los conocidos, las redes sociales, aficiones, costumbres, horarios.

Mentales. Las influencias, las creencias, los paradigmas, la formación e información, la religión o los condicionamientos.

Los entornos materiales y personales son visibles y evidentes, aunque tal vez no sus efectos, los mentales son más sutiles, pero fundamentales. Es imposible prescindir de los espacios y entornos en los que nos encontramos, pero sí es posible elegirlos cuidadosamente teniendo en cuenta sus efectos. Todo influye en todo y nadie puede aislarse del contexto inmediato sin recibir de él su influencia.Confiar en el entorno significa no tratar de hacerlo todo uno mismo, sino aprovechar las influencias positivas del exterior para reforzarse y dejar pasar las malas.

El lugar donde una persona vive y sus posesiones ejercen una influencia enorme en ella: le da energía o se la quita. No es un tema de dinero, de propiedad o de lujos. Es cuestión de que cualquier cosa que co exista en tu espacio tenga coherencia con el resto de objetos y con la persona que habita el espacio.

Para conectarnos con nosotros mismos es preciso desprenderse de las cosas materiales. Tener menos cosas significa contar con más espacio y más claridad mental. El orden ejerce una influencia en la mente. Deshacerse de objetos que no se usan en un mundo de objetos en el que vivimos debería ser prioritario, al igual que concienciar a la gente a reciclar dichos objetos, una vez utilizados. Por otro lado, el vínculo de conexión que se genera con las cosas que creamos nosotros mismos o somos causa de su existencia es impresionante.

Respetar todo lo que nos rodea, relacionarse con gente positiva, inspiradora, honesta, transparente y cuidar el espacio en el que nos encontramos en cada momento, es una receta para la felicidad que tenemos que tener más en cuenta en el mundo que vivimos.

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