Uno de los sectores que más ha evolucionado en los últimos años (sobre todo por parte de los consumidores) es el turismo. El viajar ha dado un giro de 360 grados en donde hemos pasado de uno o dos medios de transporte a compartir coche con alguien; de tener solamente la opción de ir a un Hotel a poder elegir una casa en la cual vivir como un local mientras estás de viaje en una ciudad que tienes aún por explorar

También ha surgido un tipo de viajes al que llamamos “viajes express” ¿Por qué tanto turismo exprés? Sobre todo es para satisfacer la necesidad de escapar con el poco tiempo que tenemos para ello en nuestras vidas ajetreadas. Es muy común que viajemos de un lado a otro con el ansia de completar nuestra lista de checks de los sitios que visitamos y así poder decirnos a nosotros mismos que hemos conocido diferentes culturas y que nuestra mente está más abierta desde el momento en que decidimos romper con lo conocido y ampliar horizontes.

Todos conocemos los viajes cortos en los que aprovechar al máximo el momento es nuestra prioridad absoluta. Pero… hemos evolucionado, ahora queremos más. Queremos vivir las costumbres de una región, sus rarezas, conocer su historia… en definitiva, queremos inmersión cultural. Nos encanta abrir el menú de destinos y escoger.

Ahora bien, lo fácil es pensar en culturas desconocidas, pero… ¿y las ya conocidas? ¿qué pasa con ellas? Me imagino esta frase que seguro os sonará… “Tanto viajar en tren por Europa y no te has ni tomado una caña en Chinchón”

La inmersión cultural no tiene por qué ceñirse a lugares lejanos y exóticos. Una experiencia local tiene el mismo valor que un viaje por Europa. Debemos identificar que lo importante no es el lugar, sino la experiencia. Y esta será más completa si le dedicamos el tiempo que se merece, si nos involucramos en la cultura local, si escuchamos y conocemos a las personas sean del sitio que sean.

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